“Detén la verdadera locura y vuelve a la fuente” – .

“Detén la verdadera locura y vuelve a la fuente” – .
“Detén la verdadera locura y vuelve a la fuente” – .

Nos queda muy claro que casi cualquier insumo externo que se venda de ese carro que tiramos es perjudicial para nuestra finca. Nocivo para nuestras operaciones comerciales, nuestro suelo, plantas y animales, y tóxico para los agricultores. Desastres como la crisis de PFAS muestran una y otra vez que el modelo económico neoliberal está poniendo en peligro nuestro medio ambiente y las personas que trabajan en él.

Aparentemente es más lucrativo trapear que cerrar el grifo, pero lo que necesitamos para todas estas crisis son soluciones orientadas a las fuentes. Y que sea exactamente lo que no escuchamos. Lo que tenemos que hacer es identificar y abordar la contaminación en su origen:

  1. La inútil importación de soja (nitrógeno) y exportación de carne con la que todos ganan mucho menos los agricultores y consumidores, y esto tanto en el Sur como en el Norte;

  2. La insensatez de andar cargando con comida que asegura que encuentras papas de Israel en Flanders Patattenland;

  3. La industria transformadora, el retail, los supermercados,… que destruyeron la cadena corta: ya no hay tienda de barrio, quesería, carnicería, panadería que ayude al agricultor a comercializar localmente sus productos;

  4. La entrada de capital y subsidios (como VLIF), que empuja constantemente al agricultor a invertir y crecer, con el único resultado de que los inversores ganan más y los agricultores menos;

  5. El agotamiento del suelo por los monocultivos que nos impone la industria;

  6. El technofix de los depuradores de aire, el procesamiento de estiércol, las píldoras reductoras de metano, los bonos de carbono,… que sobre todo aseguran un buen modelo de ingresos para la industria, pero por lo demás no “arreglan” nada para el medio ambiente;

  7. Combustible fósil, productos químicos, fertilizantes y máquinas cada vez mayores que faltan al respeto, contaminan y matan el suelo, las plantas y los animales. La ganancia es para las multinacionales, la muerte es para el agricultor;

  8. Un rebaño demasiado grande que nuestro entorno no puede soportar y que se nos impone porque no obtenemos un precio justo por nuestra producción de alimentos;

  9. Un mercado de oferta y demanda, con un sistema global de oferta más ficticia que de demanda, por lo que no podemos reclamar un precio justo por nuestros productos.

Y ahora que se han solucionado los problemas, debe quedar claro: no necesitamos soluciones que mantengan en marcha este pernicioso modelo agrícola. Ahora, hoy, debemos iniciar la transición. Hoy debe haber un plan que vuelva a la fuente y nos permita trabajar por el futuro de la agricultura campesina. No para resolver los problemas de mañana, sino para posibilitar un futuro para nuestros hijos, nietos y bisnietos.

En julio reivindicamos, como en Holanda, la elaboración de un plan del agricultor flamenco con soluciones que aborden nuestros problemas en origen y den el paso hacia un nuevo modelo agrícola sólido y de calidad. Reiteramos el llamado a todos los agricultores, ganaderas y trabajadores del campo a poner el hombro al volante.

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